#CrónicasMaternas: desahogo

Hoy aprendimos una gran lección: la resolución de problemas y el manejo de emociones se enseña la casa y se aprende en la vida. 
No importa el empeño que ponga en educar a mi hija dese el amor, el respeto, la independencia o la empatía, habrá veces que le toque enfrentarse a personas educadas desde otras perspectivas.
Le harán daño, nos harán daño, eso es un hecho. 
Lo que sí puedo hacer, desde ahora, es enseñarle a no aferrarse a los momentos negativos, a sentirlos y dejarlos ir. Porque hasta los "malos sentimientos" surgen para decirnos algo: que no estamos a gusto, que deseábamos algo que no se obtuvo, que la otra persona nos importa, que necesitamos ayuda, etcétera.
El miedo, el enojo, la frustración, son el reflejo de otra emoción. El truco está en aprender a ver más allá. Respirar, volver a la calma y ver la imagen completa.
¿El reto? Predicar con el ejemplo. En el camino de la crianza respetuosa, lo difícil es aprender a cambiar uno primero, convertirse en una mejor versión de uno mismo para poder enseñar al otro. Porque para que ella sea una mejor persona, primero debo ser yo una mejor persona.
Paz.

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