#CrónicasMaternas: de fiestas y patines
Hace una semana fuimos a la fiesta de cumpleaños de una de las amigas de La Infanta en un local de esos que tienen varias opciones de diversión: brincolines, esponjas, laberintos, patines, etcétera.
En algún momento, previo a la fiesta, ella me pidió entrar a la pista de patinaje y le dije que lo pensaría, porque al estar también bebé Marte, no me sería tan sencillo asistirla y Doña Infanta no sabe patinar.
Total que llegó el día, todo felicidad, gritos, música disco, euforia infantil y diversión.
Papá anunció que aprovecharía la vuelta a la plaza para ver libros y yo me quedé con les hijes en la fiesta, disfrutando del griterío y el chismesito con las otras mamás.
De pronto, uno a uno veo desfilar a los amigos y amigas de La Infanta por su kit de patines para entrar a la pista.
En eso, ella se me acerca para pedirme permiso de entrar a la pista. Pasmo. Salió de mi pecho un: no, espera, no puedes, no sabes patinar, si algo te pasa no puedo meterme ahí contigo ahorita con bebé. Es que te vas a caer. Imágenes de La Infanta en el piso, chocando con sus amigos, sangre, dientes rotos, golpes, sustos.
-Mamá, pero hay unos cositos para agarrarte y que no te caigas. Imágenes de dientes rotos contra el apoyo.
En ese momento hay varios niños sin zapatos en una banca poniéndose los patines pesados como pueden. Algunos solitos, otros con sus mamás.
-Es que todos mis amigos van a entrar y no habrá con quién jugar acá.
-Pero tu no sabes patinar.
-Ellos tampoco, para eso son los destos.
Tenía todos los miedos del mundo, un puño de imágenes catastróficas en la cabeza y una niña triste viendo a sus amigos reír a carcajadas sin ser parte.
En eso, levanté la mirada más allá. Yo era la única mamá dudando, con miedo, aterrada por una caída. ¿Por qué las demás no tienen este miedo como yo, si sus hijos tampoco saben patinar? Las demás están tranquilas, amarran agujetas o ayudan a los niños a llegar a la pista, con las piernas deslizándose sin control. Están tranquilas y ríen. ¿Soy yo la que está mal? Me aprieta el pecho y el estómago.
Entonces lo supe: tenía miedo, mucho, pero no sabía por qué o cómo me llenó tan rápido. ¿Era mío? ¿Tenía una razón real para existir? Por qué siempre respuesta automática es temer y decir que no, que mejor ahorita no. Que no siquiera lo voy a intentar para no fallar. Ding ding ding. Estamos reconfigurando el cerebro y sus respuestas automáticas, así que con miedo y todo dije me dije "ya por favor, es una niña, es una fiesta, es una simple patinada, se va a caer, pero estará bien". Entonces me acerqué al mostrador, pedí unos patines talla 20 y protecciones, miré a La Infanta y le dije, amos pues.
Senté a bebé Marte en la banca mientras me aseguraba de que las protecciones estaban bien puestas y los patines también. Todo listo, con cuidado acompañé a La Infanta a ingresar a la pista, le expliqué como caer, cómo mover los pies y las rodillas y cómo sostenerse del apoyo. Ella prestó toda la atención en las indicaciones y entró segura. Su rostro se iluminó, ahí estaba con sus amigos, jugando, en la fiesta, riendo, felices, todos igual de torpes con las ruedas, todos igual de emocionados y contentos. Todos igual de sentones de nalgas.
Yo me agarraba las tripas con los dientes. Ay se va a resbalar, ay, se va a caer, ya se cayó. Ay mi niña. Y de fondo un está bien, está bien, está bien.
Marte estaba fascinado viendo a todos los otros niños reír con cada golpe o cada caída y reía también. Eso me hizo conectar con el momento desde otro lado. La caída está bien, es parte de ese juego y de esa diversión.
En eso llegó papá. Papá mira, estoy patinando. Muy bien, síguele, eso. Se cae. Estoy bien.
Vamos por unas botanas o qué, ¿pero si se cae? Ya se cayó y está bien, trae protección, ¿pero si me necesita? Te va a gritar. Ven, va a estar bien, déjala tener su espacio con sus amigos.
Y así, sencillo como es él, con ese gesto de abrazo y su invitación de aros de cebolla, papá me alejó del miedo y me llevo a terrenos más de la razón. Siempre hace eso. Es quien me recuerda que hago eso de temer o rechazar antes de intentarlo, pero que si puedo, que está bien probar, fallar, pedir. Me sacude las ideas, me abraza y me anima a intentarlo.
Todo estaba bien. La Infanta pasó un momento súper agradable. La patinada duro 20 minutos a lo mucho, nadie perdió los dientes y se ganó una grata experiencia.
El resto de la fiesta bailé con Marte todas las canciones del boogie habidas y por haber. Luego pensé que la vida con él es diferente, que las enseñanzas con él son hacia afuera y no hacia adentro como con La Infanta. Por ejemplo, que me gustaría enseñarle a bailar para que sea de los chicos que sacan a bailar a las chicas, de los que rie y se divierte. Pero ese es otro tren de pensamiento.
Estoy aprendiendo a no ser tan aprehensiva, a dejar el miedo en su lugar (una vez más) y no andarlo cargando a todos lados. Tengo dos meses que regresé a terapia y estoy reconfigurando mi mente. Prometí ser paciente conmigo. Ahí voy, aunque a veces me cueste.
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