#CrónicasMateras: de la reconstrucción familiar o Encanto
Hablemos de Encanto, el más reciente estreno de Disney. Pero no de su gran impacto, la música y todas esas cosas que nos fascinaron. Hablemos del trasfondo de la historia, hablemos de maternidades, porque de eso va este blog.
He de confesar que la primera vez que la vi no hice match. Quizá por todo lo que les conté en un post anterior. Fue la primera película vista en el cine por La Infanta y la experiencia giró en torno a otras cosa y no a la historia en sí.
Afortunadamente mi mamá, abuela Infanta, tiene Disney+ y pudimos verla otra (y otra y otra) vez.
La segunda y algunas de las demás veces lloré. Pero, ¿por qué? Además de la respuesta obvia de que soy muy chillona, creo que fue por los huecos que llenó en mi proceso de sanación perso-maternal.
En mi interpretación, Encanto trata de la reconstrucción familiar, pero para que ello ocurra, primero debe haber un rompimiento.
Hace unos días leí un post sobre una chica que encuentra en la Abuela el dolor de todas las madres que tuvieron que sobrellevar la vida tras una pérdida, guiar a una familia y salir adelante.
Así que de ahí me surgió la idea de escribir esto. No solo podemos ver esa lucha interna. Encanto nos muestra, desdobladas, cada una de las características que la sociedad exige a las madres en general y más aún a las que les toca caminar solas.
Están las obvias y más sonadas Luisa e Isabela, con su tener que cargarlo todo y ser perfecta.
Empecemos por lo más sonado, el personaje de Luisa y su don de fortaleza. Ya se han escrito muchas cosas sobre cómo este personaje rompió expectativas, incluso para los propios productores, sobre cómo las infancias se han identificado más con este personaje aspirando a ser o tener su fuerza descomunal.
Luisa es la representación del tener que poderlo todo, las tareas, la familia, inclusive la comunidad entera; además se observa en ella la culpa, el sentir que se falla o se está haciendo algo mal si una posterga las tareas un poco o no se cumple con la expectativa. Porque en esta sociedad estamos encomendadas a poder con todo sin mostrar cansancio, sin negarnos, si quejarnos, sin renunciar.
¿Qué pasa cuando Luisa decide no cargar tanto? Se la come la culpa y "pierde el don".
Isabela, por otra parte, se ve divina, perfecta, disfrutando de su papel de proveedora de felicidad. Sin embargo, es hasta que se ve presionada cuando confiesa que accedió a un matrimonio arreglado "por la familia".
¡Uy!, esto me checó horrores: deber tomar la decisión "correcta" a ojos de todo mundo, en lugar de tomar la decisión que hace feliz al corazón.
Por lo tanto Isabela representa esta obligación de ejercer una maternidad perfecta. Y no hablamos solo de lucir peinada, arreglada, decente... Sino de tomar las decisiones correctas, hablar correctamente, comportarse, ser y desevolverse con perfección y prudencia.
Cuando noté estás dos cosas, me puse a observar que otras características adjudicadas a la maternidad estaban ahí. Fue entonces que entendí que todos los dones de la familia eran en realidad características exigidas a una madre.
Luisa es la fuerza, Isabela la Perfección, Dolores la atención plena, Camilo el multitareas.
De Pepa diré que su obligación es controlar sus emociones para no desbordarse. Siempre estar bien, feliz, de buenas. Porque, socialmente, es mal visto que una madre -con todas sus tareas a cuestas- tenga un mal día, se sienta molesta, enojada, triste, se queje, etcétera.
Julieta es la que se encarga del bienestar de su familia y comunidad. Con remedios, medicina, alimentos, provee de salud física a todos. ¿Apoco no es obvio? Esa es clásica. Las mamás deben cocinar, atender, cuidar a los enfermos y desde niñas se nos enseña a cuidar de los otros mas no de nosotras mismas. O bueno, antes.
Aquí entré en un dilema. Si todos los personajes eran una característica de la maternidad, ¿cuál es la de Bruno?
Me tardé en escribir esta entrada porque le di vueltas y vueltas al asunto. Vi la película unas 15 veces para encontrarlo (no miento, además la disfruto mucho).
Al principio me fui con lo que pensé obvio, la capacidad que tienen las mamás de "ver el futuro": bájate que te vas a caer, esas amistades no te traerán nada bueno, ya no comas eso que te va a hacer mal. ¿Si ubican?
Esa capacidad castrante de ver qué pasará, aunque a veces sea limitante.
Luego leí una entrevista de El País con una asesora cultural de la película donde explica que Bruno representa la parte indígena de la cultura colombiana, esa parte de la que no se habla pero existe. Y pensé, claro, porque además muchas de nuestras abuelas tienen raíces indígenas y tuvieron que salir adelante negando su proceder, obligadas a adaptarse al "mundo civilizado".
Pero algo no me satisfacía del todo. Algo no checaba en mi análisis personal.
Pasó una semana y un evento con La Infanta me hizo entender: Bruno podrá ser la representación de nuestras raíces indígenas en Latinoamérica, pero también simboliza la culpa herdada, esa que te hace pensar que si algo sale mal es culpa tuya. Bruno tiene esta capacidad de ver hacia el futuro, por lo tanto le es adjudicada cierta responsabilidad en los hechos, porque de ocurrir 'eso' que vio sería su culpa, lo vio y no hizo nada al respecto. No sé si ya los hice bolas con esto.
Eso pasa con las madres también, arrastrar culpas generacionales, creer que de verdad es tu culpa lo que pasó, crecer con la idea de que si pasa algo malo es culpa tuya (aunque creo que aquí ya es más proyección personal, no sé, ustedes digan). Bueno, que bien puede ser culpa o cualquier otra carga generacional.
Aclaro que ésta es mi interpretación, es lo que veo desde mi ojo maternal y en mi proceso de sanación de patrones heredados, desde mi búsqueda de la paz ancestral (¡ay, que hippie me leí!).
Entonces, ¿qué rayos tocan aquí Mirabel y la abuela?
En la visión de Bruno se puede observar a Mirabel en primer plano y la casita en segundo. Si se mira de un lado está rota, si se mira de otro está entera. No es un futuro claro o definido, cambia, como todo.
Mirabel no lo sabía, pero para trascender o cambiar las estructuras familiares, éstas se necesitan romper primero. Por eso la casita no estaba rota y ya, estaba completa y rota. Cómo una persona en sanación.
Para construir nuevos caminos, tradiciones o aprendizajes, primero se deben romper los viejos, cuestionarlos, retomar de ellos lo que en nuestra historia funciona, transformar algunas piezas y desechar otras.
¿Que pasó con la abuela? Hizo lo mejor que pudo, abrazó sus conocimientos ancestrales y defendió a su familia con las herramientas que tenía. Porque debe ser muy difícil abandonar tu hogar en busca de un espacio donde criar a los hijos e hijas, perder a la pareja, salir adelante, cuidarles, proteger el milagro, apoyar al pueblo entero y seguir con la vida.
Pero, ¿hizo daño a Mirabel? Sí, porque en su afán de proteger a la familia la hizo de lado para que "no entorpeciera el trabajo", aunque Mirabel también estaba aportando sus conocimientos a la familia.
¿Y Mirabel dañó a la abuela? De algún modo sí, porque la hizo enfrentar su miedo más grande de lastimar a su familia y quedarse sin hogar.
Y bueno, ¿por qué lloré yo? En mi historia -la de mi familia- existen muchas madres que tuvieron que salir adelante solas, intentando ser perfectas, sin desbordarse, controlando cada acción, cada reacción, procurando demostrar que podían solas con la carga sin doblegarse.
Pero para que las cosas cambien, una debe cambiar primero. En mi caso, acudí a terapia cuando me sobrepasaron los roles maternos de perfección que yo sola me impuse. Sin querer empecé a replicar los modelos que tenía alrededor, de mi madre y abuela. Aunque, con ayuda, hubo un punto en el que decidí mirarlos desde otra perspectiva, abrazarlos, retomar de ellos lo que me sirve ahora, modificar otros, romperme y reconstuirme.
Eso mismo pasa en Encanto, pues Mirabel tiene el valor de aventurarse a salvar el milagro de su familia aunque no tenga idea de cómo hacerlo. Igual que pasa el proceso de reconstrucción personal: sé qué quiero estar mejor, ya no me quiero sentir así, pero no sé cómo hacerlo.
Por otro lado, en el vestuario de ambas podemos ver las mariposas en la base de la falda de la abuela, mientras que Mirabel las lleva arriba en los hombros, es decir que ascienden con cada generación, evolucionan.
Cuando ocurre "el perdón", ambas conectan con el dolor de la otra, son empáticas con sus realidades y ocurre el abrazo icónico de la sanación. Las mariposas envuelven a ambas y la escena se torna amarilla y morada, los colores de la luz y la transmutación, justo en el río que representa el renacer.
Romperse no es fácil, enfrentar nuestra historia y comenzar de cero tampoco lo es, pero solo conociendo nuestro pasado podremos labrar un futuro mejor.
Ver Encanto me remueve las raíces completas, pero también me hizo entender que "con don o sin él soy igual de especial que el resto de mi familia", porque no es fácil romperse toda y avanzar, pero es realmente satisfactorio cuando por fin te envuelve la luz.
La amo, todo la razón, nuevo "príncipe azul" de Disney en esta encantando, eso de romper con viejos esquemas y tradiciones para así seguir avanzando y sanando es lo mejor por lo que pudieron optar 💜 gracias por este bonito post
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